William Silvio Modesto Verísimo (Araquarua, 1953), más conocido como Bio, “El Perla”, jugó en el Terrassa F.C. en la segunda década de los años setenta del siglo XX, dejando buenos registros goleadores y jugadas para enmarcar y para epatar a la galería, como buen alumno de la escuela brasileña, de donde procedía. El mismísimo Johan Cruyff, el astro sin discusión del F.C.Barcelona de aquellos años, tras un torneo menor en el que lo vio jugar, recomendó su fichaje y Bio acabó vistiendo la camiseta azulgrana, con la que no marcó muchos goles pero sí alguno antológico (como el penalti de clasificación para la final de la Recopa ante el Anderlecht, que catapultó al conjunto hasta Basilea 1979). Luego pasó al Espanyol y luego, más tarde, inició un largo periplo por distintos equipos de menos talla y alcurnia. No dejó de visitar Terrassa, donde su negritud era extraña en aquel entoces, a veces solo, a veces con compañeros y excompañeros y hasta con algún aficionado de postín como Rudy Ventura, que animaba el aquelarre con la trompeta. Bio no era especialmente disciplinado, faltaba a entrenamientos y tenía bastantica predilección por la juerga. Cerraba locales y pagaba rondas a todo quisqui. Abusaron de él todo lo que pudieron y tantas veces como pudieron hasta dejarlo canino. Una noche tras otra, consiguiendo que se apagara definitivamente su llama de triunfador. Bonachón, carismático y con amplia sonrisa, a los cuarenta se retiró del fútbol, ya para él meramente alimenticio, si acaso. Intentó permanecer, no obstante, en Cataluña: todas las puertas se le cerraron. Las malas influencias, su prodigalidad y algunas inversiones fallidas no ayudaron demasiado. Finalmente, en 1994, regresó a su Brasil natal.
En Guarulhos, cerca de San Paulo, cayó (aún más) en picado y llegó a vivir una larga temporada a la intemperie, entre cartones, hasta que los amigos del Gremio Esportivo 33 le buscaron una barraca que le servía de refugio al pie de un campo de fútbol, donde pintaba las líneas del terreno, recogía botellas y realizaba otras tareas menores de mantenimiento. Sin embargo, en la indigencia, ya había contraído una enfermedad pulmonar grave que a la postre sería fatal. Los veteranos del Barça le enviaban una asiganción dineraria, pero no daba para mucho. Bio lanzó un último llamamiento desesperado desde el hospital brasileño en el que estaba ingresado: quería volver, se consideraba “un català de lluny” y sólo necesitaba que alguien le pagara el billete de avión para cruzar el charco. Nadie respondió a su señal y a los pocos días murió allí de tuberculosis. Ocurrió en 2008. Tenía 54 años. Su exquisita técnica todavía se recuerda.
