El día de los enamorados

San Valentín, me cago en tu cariño y en tus estúpidos requiebros: te despido por causas arbitrariamente objetivas, sin indemnización ni hostias, de un flechazo. Ya no soporto tus empalagosos besos ni tu escasa competitividad en la cama. Tu costosa mano de obra ni acaricia ni luce ni genera riqueza. Eres deficitario, vago, conflictivo y mentalmente inestable. No escuchas, no te comprometes, no evolucionas a buen ritmo y no cuidas el músculo que soporta este proyecto. Te has abandonado por completo e, inflexible como eres, sin ningún espíritu emprendedor, no te adaptas a los cambios ni a las nuevas vicisitudes que se presentan. Ya no me divierto contigo: no hay chispa ni beneficios a corto plazo. Nuestra relación sentimental tiene el mismo futuro y el mismo crédito que tu cartilla de ahorros, en números rojos. Tú sólo piensas en el amor y en el amor como derecho, sin implicarte lo suficiente en el trabajo, lejos de esta empresa; pero a mí, como a Penélope, no me faltan otros pretendientes que hacen más por menos, guapos, dóciles, profesionales, serviciales, baratos y modernamente precarios. Me gusta el riesgo, me gusta darme lujos y no quiero que se me pase el arroz junto a un ganapán desechable que nunca se esforzará lo necesario para superar la crisis presente.  Espero que lo comprendas. Si no, que te den morcilla a la europea…y una legislación laboral bendecida por los patronos. Besitos.

PD- Te dejo en la nevera las tres dosis de cianuro. No olvides recoger a los peques de la guardería.