Tirar la basura

Desde que se decretó el estado de alarma por motivo de la Covid-19 ningún picatoste o político importante ha comentado que tirar la basura era una de las actividades permitidas, cualesquiera que sea la fase en la que se esté del presente galimatías jurídico. Todo el mundo lo ha sobreentendido, pero nadie lo ha publicado en el BOE. Tampoco ha sido motivo de polémica en los rifirrafes entre gobierno y oposición. Sacar la basura de casa a la calle para depositarla en el lugar de recogida correspondiente no parece tema de debate. Se da por hecho que hay que limpiar y deshacerse de los desperdicios, de lo sobrante, de la llamada suciedad, restos, barreduras e inmundicias, aunque ello sea incluso discutible en una economía circular plena. Sí que se determinó que la recogida de residuos era una actividad esencial…y se acabó por aplaudir también a sus profesionales, con más o menos hipocresía. Sí que se indicaron instrucciones para gestionar los desechos presuntamente contaminados por el virus de forma correcta, aunque vistas las enormes cantidades de mascarillas y guantes desperdigados por el suelo no parece que se tuvieran y se tengan demasiado en cuenta. La cuestión, en todo caso, es que nadie ha dispuesto hasta ahora que se puede ir a la calle a tirar la basura, en distintas franjas horarias, con distintas bolsas de separación en origen, reciclando o no, hasta la zona de depósito más cercana -no a kilómetros de distancia-, sea en un sistema de contenedores u otro. No se ha recogido la casuística relativa a la materia. Por ello, los que únicamente salimos a sacar la basura nos encontramos en un supuesto no regulado, en la más absoluta alegalidad, lo cual tiene consecuencias claras. Así las cosas, habitamos en un inframundo en el que deportistas, niños, abuelos, trabajadores y otros colectivos son vistos con cierta compasión por el reciclador (o no) de turno. Nosotros sacamos la basura cómo y cuando nos sale del chirri o del nabo, según el sexo. Y aunque, para expandir la pandemia, todo quisqui procura incumplir todas las normas posibles -porque somos lobos (ibéricos) para el hombre-, nosotros, seres libres en tanto que no legislados, nos venimos arriba. Y dejamos las bolsas fuera del contenedor adecuado. Y dejamos muebles y trastos viejos en las zonas aledañas. Y no barremos nuestra puerta pero nos quejamos de los servicios de limpieza, como si mantener limpio el entorno fuera únicamente su responsabilidad. Y, si hace falta, lanzamos la mierda desde el balcón a la acera. Y somos felices así. Resistiremos. Todo saldrá bien.

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