Endurecimiento y enroque

El muchacho quedó huérfano durante la Segunda Guerra Mundial. También se estropeó del oído tempranamente. Había nacido en Tiflis, Georgia, pero era de ascendencia armenia. En 1944, a sus trece años, con pocos meses de diferencia, perdió a su padre, caído en combate, y a su madre, víctima de un ataque alemán con artillería. Desde entonces se vio obligado a compaginar sus estudios con diferentes ocupaciones, todas precarias y mal remuneradas: limpiabotas, chico de los recados, camarero…. La tarea que más odiaba era barrer las calles. La detestaba, sobre todo en invierno y cuando se despertaban sus vecinos para inundar aquella ciudad maltrecha por la guerra. Prefería no exponerse a la muchedumbre, aunque su incipiente sordera no le permitía escuchar demasiado las críticas. No obstante, sentía vergüenza cuando sus conocidos lo veían limpiar en la vía pública, pero tenía que hacerlo. Tenía que resistir.

El muchacho, brillante como era, se hizo camino en el ajedrez. En 1963, hecho ya un hombretón, siempre con sus inseparables audífonos, se proclamó campeón del mundo, título que retuvo hasta 1969. Lo llamaban el “Tigre de Acero” y legendarias son algunas de sus partidas. Su nombre, Tigrán Vartánovich Petrosián. Fue conocido por su estrategia defensiva de profilaxis -muy limpia- y por su inapelable resistencia ante los envites de los rivales. Nunca olvidó su época de barrendero.

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