Muchas y monas pertenencias

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Muchos hijos, un mono y un castillo (2017) es, en gran medida, una película documental de basura exquisita, aquella de la que no es fácil desprenderse. Narra la historia de una mujer, Julita, que se come la pantalla en cada aparición, como galleta mojada en leche caliente (pero con sacarina). Su familia tampoco es moco de pavo. Delirante, surrealista, anecdótica y cómica hasta las trancas (a veces involuntariamente), la peli es altamente recomendable. Otros espacios y otros lugares les enseñarán de qué va y cuál es el hilo conductor, las vértebras por así decirlo del proyecto de Gustavo Salmerón, el director y uno de los hijos de la protagonista. Aquí nos centraremos en la objetología y en los muchísimos trastos que aparecen en el film, en la relación que mantienen con lo sentimental. Un castillo repleto de enseres, muebles, bártulos, cuadros, retratos, cajas, pinturas, muñecas, armaduras, vestidos, herramientas, estatuas y mil y un cachivaches amontonados, clasificados (al tuntún) y sin clasificar. Julita tiene que enfrentarse, por un golpe económico, a una decisión difícil: tirar o no tirar las cosas. Ella es partidaria de no deshacerse de nada porque cada objeto está vinculado a un recuerdo o a una energía del pasado. En realidad, para ella, lo telúrico y lo espiritual se imbrican a través de los objetos, por lo que pospone la conversión en residuo definitivo. Todo puede servir para algo, todo es potencialmente útil y, en tanto que útil, merece ser guardado. Lo que, en principio, pareciere algo positivo (al no reducir, no reutilizar ni reciclar absolutamente nada) se convierte en acaparamiento innecesario y en un auténtico vertedero mal gestionado. Su concepción apoteósica del no residuo dista mucho del residuo cero o del no residuo que defienden los ambientalistas. Todo por el amor, por el amor por las cosas, que impide la movilidad, la ligereza y la limpieza. Julita, sin embargo, sabe flotar sobre la basura y consigue sortear esos obstáculos gracias a su buen humor. El pitorreo, pues, vence a la cosificación y al amor más despreciable.

Una película fantástica y de enorme trasfondo filosófico.

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