Una de boxeo

De apenas metro y medio de altura, rechonchete y prácticamente sin cuello, con brazos larguísimos y violenta pegada, aunque reacio al entrenamiento, Joe Walcott fue un boxeador que ostentó el campenonato mundial de peso wélter entre 1901 y 1906, el primer negro en conseguirlo y uno de los mejores de la historia en su categoría, según dicen. Pasó la infancia en Barbados, en las Antillas Menores, y de ahí se trasladó bien jovencito a Estados Unidos, a Boston, Massachussets, donde entre otros disparatados trabajos alimenticios ejerció como limpiador en algunos de los innumerables gimnasios y clubes de la zona, lo que le sirvió para aprender a pegar, se entiende. Después, triunfó en el boxeo. Luchó con todo quisqui, sin importarle el peso o la envergadura. Su carrera resultó excepcional en puntos y derribos. “Cuanto más grandes son, más duramente caen”, sentenció para los anales. Se casó, tuvo hijos, aumentó su fama y su gloria (y su economía), se compró una bonita finca en Malden y vivió bastante bien durante años. Más tarde, cuando su estrella deportiva se apagó, se divorció, se arruinó, mató accidentalmente a una persona, fue arrestado, perdió varios dedos de la mano y acabó prácticamente como empezó, pero en el mítico Madison Square Garden, en Nueva York, donde se encargaba de barrer las gradas del conocidísimo pabellón. Pocas personas, por tanto, más “limpias” han pisado un ring. Hay un vídeo añejo en internet en el que el “Demonio de Barbados”, como lo apodaban, sale desbarrando y repasando su trayectoria, hablando de lo divino y lo humano con una escoba como compañía. Murió atropellado por un automóvil, en Dalton, Ohio. Nadie reclamó el cuerpo. En su lápida reza “Joe Walcott 1872-1935. Ex campeón mundial”.

PD- No confundir a Joe Walcott con Jersey Joe Walcott, el campeón del mundo de los pesos pesados entre 1951 y 1952, que adoptó su nombre como homenaje a aquel  “Demonio de Barbados” ya desaparecido.