La herencia

Guido Napoleone falleció en las postrimerías de 1974, en Campobasso, Italia, en la montañosa y fría región de Molise. Era viudo y no tenía hijos. Cuando abrieron su testamento se encontraron con una sorpresa. Había instituido como herederos a los barrenderos de su localidad. Lo había hecho porque consideraba que “nadie lleva peor existencia” que ellos. Los había visto trabajar en condiciones climáticas muy adversas y con gran desgaste físico. Los cien miembros del servicio de limpieza de la villa, una vez realizado el reparto, obtuvieron cada uno unos 120 euros al cambio de hoy, lo que entonces no era moco de pavo. Su legado solidario fue, en suma, muy higiénico, aunque un tanto paternalista, eso sí. Sirvan estas líneas, en todo caso, para recordarlo.

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